Empredimientos - Venta de pozo
En medio de reformas estructurales y debates encendidos, la desregulación del mercado inmobiliario argentino se instala como una propuesta disruptiva. ¿Qué pasaría si se eliminan las restricciones sobre comisiones, habilitaciones y requisitos de intermediación? ¿Estamos frente a una democratización del acceso o a una desprotección del consumidor?
Desregular implica reducir o eliminar normas que rigen el funcionamiento de las inmobiliarias: desde quién puede operar, hasta cómo se fijan las comisiones o qué requisitos legales deben cumplir. En teoría, esto podría abrir el juego a nuevos modelos de negocio, pero también generar un terreno más incierto para compradores y vendedores.
Más competencia, más innovación: Al bajar las barreras de entrada, surgen nuevos actores con propuestas digitales, asesorías personalizadas y esquemas flexibles.
Menos burocracia: Se agilizan los procesos, se reducen los costos operativos y se acortan los tiempos de gestión.
Libertad contractual: Las partes pueden negociar condiciones sin estar atadas a marcos rígidos o tarifas impuestas.
“La desregulación puede ser el motor de una nueva era inmobiliaria, más ágil, más diversa y más centrada en el cliente.”
Riesgo de informalidad: Sin controles claros, proliferan operadores sin experiencia, sin respaldo legal y sin responsabilidad profesional.
Desprotección del consumidor: El comprador queda expuesto a estafas, promesas incumplidas y operaciones sin garantías.
Erosión de la confianza: La falta de estándares puede afectar la credibilidad del sector y dificultar la toma de decisiones informadas.
“Comprar una propiedad no es solo una transacción: es una apuesta emocional, financiera y legal. Sin reglas claras, el riesgo se multiplica.”
La clave podría estar en una desregulación inteligente: abrir el juego sin perder trazabilidad, fomentar la competencia sin sacrificar la ética, y permitir flexibilidad sin renunciar a la protección del consumidor.
Plataformas con validación profesional
Comisiones libres pero transparentes
Registro voluntario con beneficios reputacionales
La desregulación inmobiliaria no es buena ni mala en sí misma. Es una herramienta. Y como toda herramienta, su impacto depende de cómo se use. En un país donde la propiedad sigue siendo sinónimo de estabilidad, confianza y proyecto de vida, el debate merece profundidad, matices y, sobre todo, responsabilidad.