Empredimientos - Venta de pozo
La frase atribuida a Nathan Rothschild —“Compra cuando haya sangre en las calles”— no habla de oportunismo cruel, sino de una lógica contracíclica que los grandes inversores conocen bien: cuando el miedo domina, los precios caen, y quienes tienen visión compran futuro.
En Argentina, el clima preelectoral está marcado por la incertidumbre: inflación persistente, dólar volátil, reformas en suspenso y una ciudadanía que espera definiciones. El mercado inmobiliario, como siempre, refleja ese pulso. Hay propietarios que necesitan liquidez, desarrolladores que ajustan precios, y oportunidades que no se repiten cuando el panorama se estabiliza.
Hoy, mientras muchos dudan, otros compran. Porque saben que el ladrillo argentino, aún golpeado, conserva valor. Porque entienden que los momentos de transición política suelen ser ventanas de entrada para quienes piensan en el mediano plazo. Y porque, en este país, la historia demuestra que el que espera certezas, llega tarde.
Invertir en inmuebles en este contexto no es ignorar el riesgo: es entenderlo, medirlo y usarlo a favor. Es apostar a que, tras el ruido, vendrá la reconfiguración. Y que quien tenga activos sólidos estará mejor posicionado.
La sangre en las calles no es literal. Es el síntoma de un sistema en tensión. Es el reflejo de una sociedad que transita una etapa de redefinición. Y para quienes saben leer entre líneas, es también el momento de actuar.